Vuela.
Desde la pared tu mirada de niño triste me invita a consolarte. La ternura de tu rostro no tiene fin así como tu tristeza. Desde la profundidad de mi espacio he intentado cobijarte, curar con mis besos tus alas rotas, y hoy que lleno estás de fuerza y de miedo, te invito a volar lejos, al destino que siempre ha sido tuyo: el cielo.
Desde el suelo que me ancla a la tierra húmeda y espesa te veo partir. En tus alas mis caricias, en tus ojos las estrellas, y entre nosotros el espacio se hace nada por que el amor une tu vientre al mío más allá de razones mortales.
Se feliz, angel mío. Soy feliz, angel mío, en la libertad y en la plenitud del ser que nos habita.
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