jueves, 7 de abril de 2011

Te maldigo.

Halago tu mirada, tus gestos, tu andar. Me distraigo del resto y me concentro en ti, evito el quehacer inútil y reposo en la penumbra concentrado en tu esencia que yace en mis ropas mientras mi memoria se desata en tu recuerdo.

¿Dónde estás?

No dejaste nada más que estos días oscuros de pensar obsesivo y mi inutilidad para enfrentarme a la vida y al cotidiano, a la estupidez del mundo y sus seres que me parecen insípidos porque te llevaste todo el sabor de la vida y la humanidad a la tumba.

Te fuiste y no me dejaste nada, te fuiste y te maldigo.

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