Es tarde, muy tarde, un par de horas y amanecerá. Estoy lejos de casa. Desde que te fuiste no he podido volver a casa, queda cada vez más lejos.
Pedías demasiado. Mujeres, lo quieren todo o nada, quieren el diálogo y las explicaciones, preguntan por qué y no aceptan el silencio por respuesta, piden siempre más, que se las llame, las conforte, las consuele y las entienda... para eso búsquense una mina.
No soy fácil, rayo en el autismo, desconfío de mi sombra y sobre todo de mis propias decisiones. Y tú querías que te hablara de mi.
Ahora en silencio camino mirando el piso pensando que si tal vez me hubiera abierto un poco, que tal vez compartir algo de mi, no sé, algo de mi historia de mi esencia, algo más que mi presente te habría dado una señal de que valgo la pena. Pero no pudiste entender que compartir mi tiempo y mi soledad contigo era una muestra de mi inmenso amor por ti. Ahora hasta fumar te trae a mi memoria cuando arriscabas la nariz y rechazabas besarme. Sigo caminando, falta mucho para llegar a casa, no sé cuánto y con mi bota aplasto el cigarrillo a medio consumir. Aprieto las manos en los bolsillos, el frío me cala hondo y miro por si viene un taxi. Nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario