domingo, 28 de agosto de 2011

Inconsciente personal y colectivo.

Una idea de mi vive en ti,
vive y se quedará con lo que de mi ves.
Un reflejo de mi,
como un destello en la ventana,
permanece en ti
y tu corazón me guarda.

Un eco de mi,
como una gota en una fuente,
susurra en tu memoria mi consejo
y te sostiene.

El susurro de mi,
la estela de mi presencia,
el roce de mi mano,
la obra de mi ser,
prevalecerán en tu historia
pulsarán tu inconsciente
y vivirán por siempre,
como los maestros de mis ancestros
viven en mi:
anónimos, invisibles pero eternos.

Ser maestro es encontrar la trascendencia.

Verdad.

No te amé por quién eres,
sino por lo que podías ser:
un prospecto, una promesa o menos,
una posibilidad.

Soñé que podría cambiarte,
hacer de ti la imagen perfecta,
componer en tu ser la idea
y armar para mi un ideal.

Niña egoísta.

En la soledad de tu ausencia crecí,
en el dolor de tu recuerdo maduré
y en el espacio inexistente de tu abrazo
te encontré, te reconocí y te amé.

La vida comienza de nuevo,
con las flores de los ciruelos se anuncia
y tú vuelves y yo vuelvo,
un yo nuevo, maduro, respetuoso
y libre.

Siempre el amor entre nosotros,
siempre la libertad y el silencio.