sino por lo que podías ser:
un prospecto, una promesa o menos,
una posibilidad.
Soñé que podría cambiarte,
hacer de ti la imagen perfecta,
componer en tu ser la idea
y armar para mi un ideal.
Niña egoísta.
En la soledad de tu ausencia crecí,
en el dolor de tu recuerdo maduré
y en el espacio inexistente de tu abrazo
te encontré, te reconocí y te amé.
La vida comienza de nuevo,
con las flores de los ciruelos se anuncia
y tú vuelves y yo vuelvo,
un yo nuevo, maduro, respetuoso
y libre.
Siempre el amor entre nosotros,
siempre la libertad y el silencio.
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