En el vientre del pasado
se esconde la pobreza
entre cuidados tiernos
de madre que ríe y sueña.
Al lado del fuego tibio
espera al marido que llega
ebrio de alcohol y discursos
de partido y bar sin tregua.
¿Qué soñabas para tus hijos
en medio de tantas penas
cuando nadie le inyectaba
esperanzas a tus venas?
Y guardó tu alma el secreto
de ilusiones y tristezas
el exilio de los tuyos
despedida que fue eterna.
Corazón contrito quedaste
entre rumores de piedras
entre Talca y Curicó
reposa, Ninfa, tu tristeza.
Otros, que son tuyos, viven
hablando lenguas extranjeras
llevando el pelo retinto,
ojos negros, piel morena.
En su sangre se cobija
el eco de esta bandera,
tú nos enseñaste a amarla
en las vueltas de una cueca.
Reposa tranquila madre,
tía, hija, esposa, abuela.
Reposa mientras yo guardo
tu memoria entre las letras.
lunes, 5 de noviembre de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Viernes.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De niños abandonados en sus casas, con padres y madres y hermanos y abuelos, solos en sus piezas alumbrados por el monitor acompañados por mensajes que desvelan sus sueños.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De lanzar palabras al viento que no dejan más que estelas incoloras y pasan por otros que no me escuchan, no me creen, no me entienden, no ven.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De la tristeza y la desesperanza.
Quiero creer, como antes creía, sin que la voluntad intervenga, con la fe que tuve alguna vez y que muere un poco cada día.
De niños abandonados en sus casas, con padres y madres y hermanos y abuelos, solos en sus piezas alumbrados por el monitor acompañados por mensajes que desvelan sus sueños.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De lanzar palabras al viento que no dejan más que estelas incoloras y pasan por otros que no me escuchan, no me creen, no me entienden, no ven.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De la tristeza y la desesperanza.
Quiero creer, como antes creía, sin que la voluntad intervenga, con la fe que tuve alguna vez y que muere un poco cada día.
viernes, 30 de marzo de 2012
Gata.
Llegó con su manita fracturada y aún sangra. Dicen que no hay remedio más que amputarla y sería imposible mantenerla tranquila para recuperarse, no se puede ir contra la naturaleza.
Aprendió a caminar con tres patas, a subir muebles y trepar a las camas. Aprendió a subir techos y también a defenderse. Parió a sus tres crías y hoy reina desde el trono de la supervivencia.
Encuentro.
A tientas entre las ramas caminaba sin rumbo, sintiendo sus pies hundirse en el mullido camino de hojas, divagando entre fantasías de hadas y animales parlantes que le mostraban la dicha del viaje.
En medio de un silencio espeso como su historia, el bosque se abrió para dar paso a un claro lleno misterios subterráneos. Temerosa, dio el primer paso y avanzó lentamente hasta el centro del círculo.
El ambiente se inundó de murmullos, cerró los ojos concentrada tratando de entender pero eran tantas las palabras, tantos los mensajes y llamados que no podía; de pronto, volvió el silencio, lentamente abrió los ojos.
Rodeada de mujeres observó mientras su corazón se llenaba de paz, allí estaban todas sus edades en esos rostros que la miraban con amor, era ella, si, con su uniforme el primer día de clases y el último, joven, llena de esperanzas y hecha tristeza cuando enfrentó la muerte por primera vez. Ahí estaba también el futuro, la madre, la mujer madura, la abuela. De pronto, una anciana pequeña y encorvada, con ojos llenos de sabia calma, avanzó hacia ella. De entre sus ropas y apegada a su regazo, asomó la manita pequeña y pálida de un bebé, con su sonrisa desdentada la puso en sus brazos y sin decir nada, acarició su mejilla con dulzura.
De pie en medio del círculo, miraba asombrada los ojos sin tiempo de la bebé y en silencio se llenó de amor. La besó suavemente en la frente a tiempo que sus ojos rebosaban de lágrimas. El círculo se estrechó, tomadas de las manos todas sus edades se acercaron para abrazarla y en ese abrazo se encontró.
A tientas entre las ramas de sus sueños, despertó.
Pesadilla.
Nunca pensé en hacerlo y aunque la fiscalía diga lo contrario no lo planeé, sólo pasó.
Decía que me amaba, siempre quiso cuidar de mi y la dejé hasta cuando comenzó a ahogarme. Mucha gente cree que el amor no daña pero como todo exceso, lastima, termina engendrando frustración y resentimiento. Las burbujas no son gratas para nadie, menos para alguien como yo qué sólo ansiaba ser libre y vivir la vida a mi manera. Pero ella me llenó de miedo, haciendo de mi un pelele débil frente al mundo y los demás.
Ese día sólo necesitaba unos papeles, los había perdido y buscaba por toda la casa con ansiedad y preocupación, ella a mi lado. Quería ayudarme y buscaba junto a mi sin dejar de hablar sobre mi desorden y mis malas costumbres, no dejaba de advertirme sobe las muchas veces que trató de inculcarme el orden y la limpieza, de cómo había ordenado mi vida para que aprendiera de su ejemplo y finalmente no había aprendido nada.
En medio de mi angustia la rabia fue creciendo, cada palabra que salía de su boca era un nuevo dardo que aguijoneaba mi odio y atraía los recuerdos. Tanta invalidez inculcada.
No sé en qué minuto comencé a apretar su cuello, sólo me llené de imágenes del ayer, más que de vivencias de ausencias, de la falta de experiencias frustradas por sus excesivos cuidados y esa sobreprotección castradora que me llenó de vacíos, imposibilitado de vivir y estancado.
Los diarios han hecho de mi un monstruo, se han llenado los bolsillos vendiendo mi historia, las vecinas se pelean por contar sus apreciaciones a los noticiarios y me han dejado aislado por precaución, dicen que los otros reos ansían matarme. Mañana tengo que ir a juicio, me dejarán aquí para siempre, nada importa porque ya estoy condenado en esta vida y en la otra, no hay salvación para quien mata a su madre, aunque lo hiciera sin querer, tratando sólo de callar un fantasma.
Tu memoria.
Recuerdo el día en que llegaste a mi casa; mi nueva nana y su hija casi de mi misma edad. - "Se harán compañía" - dijo mi mamá y no nos separamos.
Crecimos y nos unimos sin importar diferencias, compartimos juegos y experiencias hasta que la adolescencia nos hundió en un un mar de hormonas que fueron nuestro fin. Tú no me entendiste cuando te dije que te amaba, me miraste con asco y dijiste que era casi un incesto, me considerabas tu familia y eso era lo único que no transarías por mi.
Te acompañé siempre aún cuando no entendí tu rebeldía. Declarabas sin tapujos tus preferencias por el amor libre, la liberación femenina y la igualdad de derechos, todas locuras para esos viejos años sesentas. No fue de extrañar que te lanzaras a la vorágine política y terminaras dañada como todos aquellos que creyeron y cayeron. Yo en mi ensimismamiento creí morir de angustia ante tu ausencia; cobarde.
De vuelta del encierro notaste los cambios en tu cuerpo y te aterraste, corriste de vuelta a casa y no lloraste, dijiste que no les regalarías más lágrimas. Como siempre estuve allí, tratando de acompañarte y darte consuelo sin alcanzar tu alma, era tanta la profundidad que temía perderme en tu abismo. "No puedo parir el recuerdo de esto, nada bueno puede nacer de tanto horror". Te ayudé como pude, pero ese hijo se aferró a la vida de tus entrañas como tú a tus desiciones, con obstinación.
Llegado el momento sostuve tu mano, nació sano sin secuela alguna y nuevamente no lloraste. No quisiste verlo ni tocarlo, te cerraste en tu abismo y te perdimos para siempre.
Me dijeron las enfermeras que debió haber sido durante el cambio de turno, buscaron por todos lados y fueron diligentes aunque no les creí, acostumbradas estaban a ese tipo de huídas. Lo tomé en mis brazos sin dudar en amarlo, una parte de él era tuya, tenía tu sangre tan amada también.
Nunca volvimos a verte y yo me averguenzo de mi, de la cobardía que me impidió seguirte, cuidarte, protegerte, detenerte a bofetadas si hubiera sido presiso para salvarte del dolor. Me averguenza tu tortura y mi miedo, mi falta de riesgo, mi cómoda burguesía. Si no tuve valor para asumirme y luchar por ti, para ganarme tu amor, ¿qué más se podía esperar de mi?
Hoy tu hijo sigue a mi lado inocente de tu vivencia, para su propio bien no sabe la verdad de su origen y parece haber sido una buena desición; resultó ser un joven alegre, vigoroso, solidario y tan obsesivo y determinado como tú.
"¡Cómo me dices esas cosas!"- dijiste mirándome con asco - "No vez que sería casi un incesto, si para mí eres mi familia, mi querida hermanita mayor..."
A diferencia de ti yo si lloro.
Demasiado.
Demasiado tiempo,
demasiada paciencia,
demasiada espera,
demasiado silencio.
Demasiados sollozos
demasiado escondidos
demasiada piedad
demasiado olvido.
Demasiado cansancio,
demasiado desgano,
demasiada agonía,
demasiado, demasiado.
A ti.
En un atril sin tiempo,
pinto la maravilla de tu historia.
Que las arañas no hagan nido en tu memoria,
que la oscuridad no ciegue tus pasos,
que la luz de la infancia pose su beso suave
sobre tu frente cansada que espera en el silencio.
T.
Para ti que viajas al encuentro de tu destino,
para ti que no temes mirar atrás,
para ti que te entregas sin reservas al camino,
para ti que con coraje exiges verdad.
Para ti que sueñas,
que esperas y arriesgas.
Para ti que te elevas
con modestia y dignidad.
Para ti que escuchas
y entregas esperanzas,
para ti mi respeto,
mi cariño y mi amistad.
Eres.
Libertad,
honestidad,
encuentro,
consecuencia,
profundidad,
entrega,
silencio,
imágenes,
camino,
río subterráneo,
pasión, amor, dolor,
mar y tierra,
contención y fortaleza
torre que abraza,
lazo que perdura,
voz en el silencio
y palabra que no juzga.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Recuerdo.
Sentado miro el beat
de la pantalla vacía,
ahogo el lamento tenso,
la oscura melancolía,
y digo sencillamente:
debo pasar este día.
Entonces comienzo furioso
a escribir cartas vacías
a llenar hojas secas
de absurda papelería,
el teclado no resiste
mi enérgica arremetida
como no resiste mi alma
la ausencia de tu partida.
Me paro, camino, produzco,
la eficiencia es continua
transito de hora en hora
con mirada perdida,
mirada disimulada
en falsas risas de alegría.
¿Quién eres? me dicen todos
mis amigos con espanto
no reconocen mi voz
mis palabras ni mis actos.
¿Cómo puedes actuar así
si decías amarle tanto?
Mas Dios sabe insisto
que intenté seguir amando,
que luché contra la muerte
de la ilusión y el amparo,
que soplé con insistencia
el fuego del amor pasado
pero no hay intento que valga
si el otro ha desertado.
Llego a la casa vacía
silencio de bienvenida,
suspiro con fuerza y me saco
la máscara de sonrisas,
nadie sabe en concreto
la angustia de esta agonía
porque un amor así no muere
con sólo una despedida
y mi amor por ti era tanto,
tanto como mi alegría
que te llevaste contigo
el día de tu partida.
Mañana será otro día
y me esconderé de nuevo,
que la máscara funciona
mientras mato tu recuerdo.
de la pantalla vacía,
ahogo el lamento tenso,
la oscura melancolía,
y digo sencillamente:
debo pasar este día.
Entonces comienzo furioso
a escribir cartas vacías
a llenar hojas secas
de absurda papelería,
el teclado no resiste
mi enérgica arremetida
como no resiste mi alma
la ausencia de tu partida.
Me paro, camino, produzco,
la eficiencia es continua
transito de hora en hora
con mirada perdida,
mirada disimulada
en falsas risas de alegría.
¿Quién eres? me dicen todos
mis amigos con espanto
no reconocen mi voz
mis palabras ni mis actos.
¿Cómo puedes actuar así
si decías amarle tanto?
Mas Dios sabe insisto
que intenté seguir amando,
que luché contra la muerte
de la ilusión y el amparo,
que soplé con insistencia
el fuego del amor pasado
pero no hay intento que valga
si el otro ha desertado.
Llego a la casa vacía
silencio de bienvenida,
suspiro con fuerza y me saco
la máscara de sonrisas,
nadie sabe en concreto
la angustia de esta agonía
porque un amor así no muere
con sólo una despedida
y mi amor por ti era tanto,
tanto como mi alegría
que te llevaste contigo
el día de tu partida.
Mañana será otro día
y me esconderé de nuevo,
que la máscara funciona
mientras mato tu recuerdo.
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