viernes, 30 de marzo de 2012
Encuentro.
A tientas entre las ramas caminaba sin rumbo, sintiendo sus pies hundirse en el mullido camino de hojas, divagando entre fantasías de hadas y animales parlantes que le mostraban la dicha del viaje.
En medio de un silencio espeso como su historia, el bosque se abrió para dar paso a un claro lleno misterios subterráneos. Temerosa, dio el primer paso y avanzó lentamente hasta el centro del círculo.
El ambiente se inundó de murmullos, cerró los ojos concentrada tratando de entender pero eran tantas las palabras, tantos los mensajes y llamados que no podía; de pronto, volvió el silencio, lentamente abrió los ojos.
Rodeada de mujeres observó mientras su corazón se llenaba de paz, allí estaban todas sus edades en esos rostros que la miraban con amor, era ella, si, con su uniforme el primer día de clases y el último, joven, llena de esperanzas y hecha tristeza cuando enfrentó la muerte por primera vez. Ahí estaba también el futuro, la madre, la mujer madura, la abuela. De pronto, una anciana pequeña y encorvada, con ojos llenos de sabia calma, avanzó hacia ella. De entre sus ropas y apegada a su regazo, asomó la manita pequeña y pálida de un bebé, con su sonrisa desdentada la puso en sus brazos y sin decir nada, acarició su mejilla con dulzura.
De pie en medio del círculo, miraba asombrada los ojos sin tiempo de la bebé y en silencio se llenó de amor. La besó suavemente en la frente a tiempo que sus ojos rebosaban de lágrimas. El círculo se estrechó, tomadas de las manos todas sus edades se acercaron para abrazarla y en ese abrazo se encontró.
A tientas entre las ramas de sus sueños, despertó.
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