viernes, 30 de marzo de 2012
Pesadilla.
Nunca pensé en hacerlo y aunque la fiscalía diga lo contrario no lo planeé, sólo pasó.
Decía que me amaba, siempre quiso cuidar de mi y la dejé hasta cuando comenzó a ahogarme. Mucha gente cree que el amor no daña pero como todo exceso, lastima, termina engendrando frustración y resentimiento. Las burbujas no son gratas para nadie, menos para alguien como yo qué sólo ansiaba ser libre y vivir la vida a mi manera. Pero ella me llenó de miedo, haciendo de mi un pelele débil frente al mundo y los demás.
Ese día sólo necesitaba unos papeles, los había perdido y buscaba por toda la casa con ansiedad y preocupación, ella a mi lado. Quería ayudarme y buscaba junto a mi sin dejar de hablar sobre mi desorden y mis malas costumbres, no dejaba de advertirme sobe las muchas veces que trató de inculcarme el orden y la limpieza, de cómo había ordenado mi vida para que aprendiera de su ejemplo y finalmente no había aprendido nada.
En medio de mi angustia la rabia fue creciendo, cada palabra que salía de su boca era un nuevo dardo que aguijoneaba mi odio y atraía los recuerdos. Tanta invalidez inculcada.
No sé en qué minuto comencé a apretar su cuello, sólo me llené de imágenes del ayer, más que de vivencias de ausencias, de la falta de experiencias frustradas por sus excesivos cuidados y esa sobreprotección castradora que me llenó de vacíos, imposibilitado de vivir y estancado.
Los diarios han hecho de mi un monstruo, se han llenado los bolsillos vendiendo mi historia, las vecinas se pelean por contar sus apreciaciones a los noticiarios y me han dejado aislado por precaución, dicen que los otros reos ansían matarme. Mañana tengo que ir a juicio, me dejarán aquí para siempre, nada importa porque ya estoy condenado en esta vida y en la otra, no hay salvación para quien mata a su madre, aunque lo hiciera sin querer, tratando sólo de callar un fantasma.
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