Estoy cansada, cansada, cansada.
De niños abandonados en sus casas, con padres y madres y hermanos y abuelos, solos en sus piezas alumbrados por el monitor acompañados por mensajes que desvelan sus sueños.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De lanzar palabras al viento que no dejan más que estelas incoloras y pasan por otros que no me escuchan, no me creen, no me entienden, no ven.
Estoy cansada, cansada, cansada.
De la tristeza y la desesperanza.
Quiero creer, como antes creía, sin que la voluntad intervenga, con la fe que tuve alguna vez y que muere un poco cada día.
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